El Derecho en la Literatura (IV): “El poder del perro”, “El cártel” y “La frontera”, de Don Winslow.

La frontera es la última entrega (aquí puede leerse un fragmento) de la serie escrita por Don Winslow, que empezó con El poder del perro y continuó con El cártel (IX Premio RBA de Novela Negra).

El hilo conductor de estas novelas es el tráfico de drogas (cocaína, heroína, crack, fentanilo…), principalmente entre México y Estados Unidos, del que nos va dando cuenta a través de las vicisitudes del agente de la DEA Art Keller, tráfico que acaba penetrando en las instituciones mexicanas pero también, y aquí Winslow lo eleva al máximo nivel político, en las estadounidenses, contaminándolo todo y mostrando cómo se desdibuja cualquier límite, cualquier frontera, entre lo legal e ilegal, entre la corrupción y la probidad, entre la culpabilidad y la inocencia: a la ilegalidad se le hace frente desde la ilegalidad; la “alternativa” a dejarse corromper es, en no pocos casos, asumir la muerte atroz de los seres más queridos y, en este contexto, culpabilidad e inocencia son nociones borrosas. 

En estas novelas nada hay de coincidencia entre los innumerables parecidos que presentan la ficción y la realidad, entre las brutalidades que cometen los narcos imaginados en las novelas y las que se pueden ver en vídeos subidos a Youtube por narcos reales y que, según Winslow, fueron fuente de “inspiración” para las escenas macabras popularizadas por el “Estado islámico” en las redes sociales; en estas novelas se cuenta la salvaje cotidianeidad de algunas prisiones mexicanas (Puente Grande) y de no pocas norteamericanas (Florence o Victorville); se narra, de una forma difícil de soportar, la inmigración de niños centroamericanos a Estados Unidos y las condiciones de los centros de internamiento para los afortunados que sobreviven a las violaciones, torturas y extorsiones a lo largo del viaje y se concluye que no hay “muro” posible que contenga el flujo ilegal de droga a Estados Unidos que discurre, principalmente, por tres pasos fronterizos (San Diego, Laredo y el Paso) en los que circula un camión cada 15 segundos: en el juicio (real) a Joaquín Guzmán [El Chapo] se admitió que “la mayoría de nuestras drogas pasan por San Diego, Laredo y El Paso porque es la forma de conectar con las principales autopistas” y cualquier pretensión de controlar ese flujo es impensable para las economías de California y Texas, cada una de las cuales es más potente que la de la gran mayoría de los Estados del mundo. 

Winslow apoya la legalización de las drogas “por el daño que nos causa la prohibición. Tenemos dos millones de personas en las cárceles, la mayor población reclusa de la historia, y la mitad de ellos están por casos de drogas o relacionados con ellas. Gastamos ochenta y ocho mil millones de dólares al año luchando contra las drogas para nada. La situación es peor que nunca, las drogas son cada vez más potentes y más baratas. Si eso es ganar la batalla contra la droga no me gustaría ver cómo es perderla” pero también sostiene que “mientras sean ilegales, consumir drogas es inmoral, porque ¿de dónde vienen? Cuando sales y te gastas dólares en tus drogas para ir de fiesta, en cocaína y marihuana, y no eres un adicto, estás apoyando voluntariamente a gente que asesina, viola, mata y esclaviza. Estás dando dinero a asesinos y psicópatas que hacen todos los horrores que describí en mis libros. No hay otra forma de verlo”.

 

 

 

 

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