Apostillas a «un decálogo de consejos para profesores de Derecho».

La profesora Lyrissa Lidsky, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Missouri y experta en libertad de expresión, publicó en Twitter, a principios de 2019, un decálogo de consejos para profesores de Derecho. El pasado 20 de agosto el profesor Jesús Alfaro escribió en uno de sus dos blogs una entrada en la que expone: “como me han parecido de mucho interés, difíciles de cumplir y algunos de ellos discutibles, los reproduzco aquí en español con algún comentario”. 

Coincidiendo, en buena medida, con lo que propone la profesora Lidsky y con lo que comenta el profesor Alfaro, me permito aquí simplemente escribir unas apostillas a sus palabras relacionadas con una perspectiva un poco diferente y por una coyuntura académica que me ha “obligado” a reflexionar sobre la función docente: a diferencia del “público” de Lidsky (posiblemente estudiantes de postgrado) y del de Alfaro (estudiantes del último curso del doble grado Derecho/ADE), en los últimos cursos la docencia la he impartido en el primer curso del grado en Derecho, lo que supone que el perfil de estudiantes es mucho más joven (habitualmente los 18 años) y carece de conocimientos jurídicos previos aunque el pasado curso impartí docencia en el segundo curso del doble grado Derecho/ADE, cosa que haré también en el curso que ahora empieza))

Empecemos, pues, con el decálogo no sin antes puntualizar que es probable que mis comentarios difieran del sentido que les dan a los suyos los profesores Lidsky y Alfaro; no en vano, cada uno habla de lo que mejor conoce y desde sus circunstancias personales, desde su entorno académico y con otros condicionantes que, de forma inevitable, sesgan nuestros puntos de vista. 

Primero.- “It’s not about you. It’s about the students. Don’t try to impress them with how smart you are. Impress them with how smart THEY are”. Comenta Jesús Alfaro que ese consejo “es completamente contradictorio con el “ser” de un profesor (a los que se paga en vanidad). Nos pide Lidsky que recordemos que la clase no va del profesor. La clase va de los estudiantes… Aquí se podría hacer algún chiste. Pero yo, en particular, no, porque mis alumnos – de la doble de Derecho y ADE – son inteligentes. Dado… que Derecho en los EE.UU. es un postgrado, la presunción de inteligencia puede aceptarse para el estudiante medio”. 

Esta primera recomendación yo la reformularía de la siguiente manera: no trates de impresionarlos haciendo alardes de todo lo que sabes (de la asignatura que impartes). Impresiónalos mostrando lo mucho que ellos pueden aprender (de esa materia). Y es que la docencia que exigen las titulaciones ajustadas al Espacio Europeo de Educación Superior deben ser de una índole bien diferente a la que se venía impartiendo en las licenciaturas y con una metodología distinta: el paso de uno a otro modelo implica dejar un sistema eminentemente informativo y pasar a uno formativo orientado a la transmisión de habilidades intelectuales y en el que se trata de enseñar a aprender, no de limitarse a transmitir saberes. Y en esta tarea hay que diferenciar entre todo lo que el profesorado “sabe” y va adquiriendo en su actividad investigadora y lo que debe exigir al alumnado, no tratando que lo segundo se aproxime, en la medida de lo posible, a lo primero, pues no estamos, en los estudios de Grado, para formar investigadores sino profesionales en diferentes ramas. La complejidad y nivel de especialización al que va a enfrentarse el futuro profesional del Derecho desaconsejan dedicar todo el tiempo que pase en la Universidad a una enseñanza basada en la sola transmisión de contenidos teóricos. Tal enfoque debe equilibrarse con el aprendizaje de instrumentos, competencias y métodos para estudiar, enfrentarse y resolver problemas nuevos, para las que no se cuenta con una solución automática y expresamente prevista. 

Segundo.- “Having high expectations for students is a form of respect”. Para el profesor Alfaro es un “consejo muy sensato pero difícil de llevar a la práctica: mantener elevadas las expectativas respecto de lo que pueden hacer –de su capacidad- los alumnos “es una forma de respetarlos”. Es fácil de aceptar (si los consideras inteligentes, no es difícil esperar mucho de ellos) pero difícil de cohonestar con los consejos que vienen a continuación: si los alumnos son listos y puedes esperar mucho de ellos ¿qué haces cuando te decepcionan porque se comportan como “vagos y maleantes” (es broma)? ¿Les haces ver que te han decepcionado? ¿les pasas la mano por el lomo y les dices que se porten mejor la próxima vez? ¿les haces creer que todo vale?”. 

Que los estudiantes “de hoy” no son como los otros tiempos –aquellos maravillosos años en los que los estudiantes éramos nosotros– es un lugar común en cualquier conversación entre docentes y, en primer lugar, es lógico que sea así: ni la sociedad es la misma que la de hace 20 o 30 años ni la formación previa que han recibido se aproxima a la de décadas pasadas (Yo fui a EGB y bla, bla, bla). Por lo que yo puedo percibir es innegable que, como regla, tienen menos conocimientos generales (de Historia, Literatura, Lenguaje,…), bastantes más carencias expresivas, orales y escritas, en castellano y se toman (creo) con menos dramatismo el fracaso académico (muy alto en los primeros cursos del Grado en Derecho); también que su dominio de idiomas extranjeros es mucho mayor, que las tecnologías de la información y la comunicación les son naturales -algo nada trivial hoy- y que suelen ser -comparados conmigo- mucho más “honestos”, a veces con una sinceridad gestual próxima a la mala educación: no fingen interés por la materia ni ocultan el aburrimiento que les suscitan ciertas materias o explicaciones no muy didácticas del docente. 

En todo caso, son los estudiantes que tenemos y con los que estamos obligados a comunicarnos y en ese proceso comunicativo debe quedarles claro que cualquiera de ellos es capaz de asimilar los conocimientos teóricos y las habilidades propias de la materia de que se trate; también que si no lo consiguen no superarán la evaluación.

Tercero.- “Begin as you mean to go on. You can relax later, but you can’t go the opposite direction”. Como dice Jesús Alfaro, “en las primeras clases, sientes el nivel del curso. Porque forzar la máquina y aumentar la exigencia más adelante es imposible. Relajar ésta, por el contrario, es perfectamente posible”. 

Estoy de acuerdo. En mi Área tenemos por norma que en la primera semana de clase los estudiantes deciden si optan por un sistema de evaluación continuada, que incluye obligaciones de hacer para el resto de las semanas del curso, o si prefieren una evaluación única al final de dicho curso. En general, una mayor preferencia por la evaluación continua se corresponde con una mayor predisposición por aprender pero es cada vez más frecuente que cada estudiante haga un cálculo de costes/beneficios entre el esfuerzo que se le exige y la probable nota y tenemos buenos estudiantes que prefieren evaluarse una única vez y renunciar a las “ventajas” del aprendizaje continuado. 

Cuarto.- “Respect students’ time. They may encourage you to digress, and an occasional digression is humanizing, but you owe it to them to cover the material”. Comenta Alfaro que “los estudiantes agradecen y te incitan a que te vayas por las ramas e irse por las ramas ocasionalmente hace la clase más llevadera. Pero hay que ver todo el programa. Esta es una regla de profesionalidad. Si te sientes obligado a hablar de cosas que no están en el programa, a lo mejor tienes que cambiar el programa. Pero, entre tanto, asegúrate de que “cubres el programa”. 

Efectivamente. En primero de Derecho hay muchos estudiantes (yo fui uno de ellos) que experimentan una profunda decepción porque lo que encuentran en las clases poco tiene que ver con lo que habían imaginado y, sobre todo, idealizado. Esa discordancia se debe, por una parte, a que no le hemos informado con suficiente claridad desde la Universidad sobre los contenidos ni sobre las habilidades en las que van a formarse; también a que no pocos piensan que el Derecho es “el Derecho de las series” norteamericanas y el nuestro les parece sorprendentemente aburrido y no poco abstruso. Hacerles ver que el Derecho español (y el europeo) no es necesariamente difícil de entender, que puede ser “guapo” y que, sobre todo, forma parte de su vida cotidiana es una buena manera de que se interesen por las asignaturas que impartimos y para eso a veces hay que comentar lo que “no toca” según el cronograma; por ejemplo, hablar del sistema electoral español si hay unos comicios a la vista, comentar una sentencia mencionada en los medios de comunicación o, por mencionar un caso de estos días, analizar las perspectivas desde las que se pueden afrontar jurídicamente una situación como la vivida estos días con el “Open Arms”. Obviamente, estas ramas no deben ocultar el bosque de la asignatura ni son una patente de corso para que hablemos de lo que nos apetece y no de lo que, en teoría, corresponde. 

Cinco.- “You teach who you are, whether you mean to or not”. Alfaro identifica este consejo con ser tú mismo cuando estás encima de la tarima; coincido con él. Lo que sucede es que no siempre, especialmente cuando se empieza a dar clase, tenemos claro cómo comportarnos, en parte porque tampoco se nos ha enseñado a dar clase y, ante las dudas, no es infrecuente tratar de ser el o la docente que a nosotros más no ha gustado como estudiantes, que suele coincidir con el o la docente que nos dirigió o dirige la tesis doctoral y a quien tenemos como principal punto de referencia, pues en no pocas ocasiones llegamos a ser docentes por haber tenido esa referencia. La clave, creo, es tomar nota de lo que nos ha gustado de su docencia, evitar todo lo que no nos ha gustado -nadie es perfecto- y, con esas y otras “recetas”, tener un perfil propio que, a su vez, vaya mejorando con el tiempo. Creo que la mejor clase que puedo dar siempre está por llegar y trato de no olvidar las muchas malas clases que he dado. 

Sexto.- “A raised eyebrow, a slightly too long pause, or  humor work better than a rebuke for most classroom management issues. It’s hard to use these when you’re new, though”. En palabras de Alfaro, “a veces basta con levantar las cejas, hacer una pausa un pelín larga o hacer una broma para indicar que el alumno se ha equivocado o para controlar cualquier incidente en la clase. Todo ello es preferible a levantar la voz o soltar una regañina. De nuevo, tener estudiantes de 25 años de edad o de 18 es muy diferente”. 

Yo relacionaría este consejo con el anterior: la gestión de lo que ocurre en el aula forma parte del aprendizaje del docente y de su necesaria “actualización” y es que una broma que ha tenido mucho éxito hace unos años puede ser un fracaso absoluto hoy como herramienta de distensión si los estudiantes ignoran el referente cultural en el que se ubica; no es que sean estúpidos o no tengan sentido del humor, es que les estás contando algo que ocurrió antes de que nacieran y ha perdido su gracia, al menos para ellos. 

Séptimo.- “Students want to know what to expect both in the course as a whole and day-by-day. I don’t always do as well on this front as I want to”. Los estudiantes quieren seguridad jurídica y exigen un contrato detalladísimo cuyo cumplimiento vigilarán hasta el más mínimo detalle. Exacto aunque esa seguridad jurídica ya viene impuesta por las exigencias de los grados, lo que nos obliga a una gran transparencia, no poco trabajo administrativo y pensar, previamente, cómo vamos medir las diferentes exigencias que componen la calificación. Predice Alfaro que los exámenes tipo test ganarán terreno por esa exigencia de los alumnos. En mi área llevamos haciendo exámenes tipo test desde, y no exagero, hace más de dos décadas y esos exámenes se han ido volcando, con explicación de las respuestas, en el Campus Virtual, disponible para los estudiantes desde el primer día de clase. 

Entre las ventajas de este examen es que es el mismo para todos los grupos del mismo curso, incluso de titulaciones distintas pero con mismo nivel de exigencia (por ejemplo, Derecho Constitucional I en Derecho y en Derecho/ADE), idéntico día y a la misma hora, con lo que las condiciones son iguales para todos. Además es una prueba que ponemos en común todos los docentes que impartimos esa materia, lo que obliga a armonizar no solo las exigencias sino también el propio ritmo de desarrollo de la materia y eso funciona incluso como herramienta de control de la “calidad” de la docencia, pues resultaría llamativo que sistemáticamente se produjeran resultados muy dispares en los diferentes grupos. 

Octavo.- “If students know you care about them and care whether they learn, they will forgive a multitude of teaching mistakes”. Como dice Alfaro, “los estudiantes son benevolentes si creen que el profesor se esfuerza y se preocupa porque aprendan (no te dejes guiar por las encuestas, siempre hay una minoría que tiene incentivos para poner a parir al mejor docente del mundo) y perdonarán errores”. Estoy de acuerdo: esa benevolencia ya se suele notar en las clases y, como casi todo, mejora con el paso del tiempo o, cuando menos, el paso del tiempo mitiga posibles, y no necesariamente injustificados, rencores y malas experiencias. Sobre las encuestas se podría decir mucho; me quedo con algo obvio: deben centrarse en lo que es valorable en más o menos (no creo que lo sea si se han dado todas las clases del curso: se han dado, o no, pero no se han dado más o menos). 

Noveno.- “If you don’t care passionately about what you’re teaching, why should anyone else? Passion is not the same as partisanship, though”. Suscribo lo que dice Alfaro: “el profesor no debería nunca perder de vista que lo normal es que sus alumnos no estén interesados especialmente en la materia – sobre todo si no la han elegido, pero aunque la hayan elegido porque pueden haberlo hecho por cualquier razón espuria – y podrá darse con un canto en los dientes si al final del semestre algunos estudiantes dicen que el profesor ha conseguido interesarles por la asignatura. Ser consciente de esta falta de interés ayuda a ser mejor profesor porque obliga a esforzarse por ser claro y por formular las ideas de forma atractiva”. 

Añadiría dos cosas, una ya comentada: no hay que confundir nuestra pasión “investigadora” con lo que pretendemos que “apasione” a los estudiantes (los contenidos docentes) pero, en segundo lugar, transmitir pasión en algo contribuye a crear las condiciones para que esa pasión, sino compartida, sea, al menos, entendida. 

Décima.- “Respect and honor different perspectives. The tone you set will dictate whether your students respect and honor different perspectives”. Alfaro es aquí más pragmático y concluye “prefiero que las perspectivas diferentes de las mías se las enseñen y expliquen los que las defienden. La vida es corta y los semestres universitarios sólo tienen catorce semanas”. Yo defendería una “tercera vía”, que, seguramente, no está muy lejos de las propuestas de Lidsky y Alfaro: hay que explicar las perspectivas que los estudiantes “deben” conocer, como, por ejemplo, la jurisprudencia consolidada o mayoritaria sobre una determinada cuestión, al margen de que nos pueda parecer desacertada; por supuesto, en Derecho constitucional, la libertad de que goza el Legislador democrático para, respetando el marco constitucional, aprobar diferentes desarrollos normativos que reflejen, en cada momento, la voluntad política mayoritaria, por mucho que la consideremos disparatada, cuando no repugnante. 

Bonus: “Frequent, low stakes assessments enhance learning. Yes, administering them is burdensome”. Creo que hay muchas maneras de llevar a cabo estos “controles”: la más sencilla preguntándoles directamente, y sin “evaluación mediante”, sobre lo que se ha explicado; volviendo más adelante sobre temas, en principio, ya “asimilados” y, sobre todo, preguntándonos qué hemos hecho mal si dicen “no tener duda alguna”, lo que suele reflejar no que lo han entendido todo sino que no han entendido casi nada. 

Concluyo dando las gracias a Lyrissa Lidsky, a Jesús Alfaro y a quienes han tenido la paciencia de leer hasta aquí. Por supuesto este comentario, como todos los demás del blog, está abierto a todo tipo de apostillas, críticas y sugerencias y es que, tampoco aquí, estamos seguros de tener razón.

2 comentarios en “Apostillas a «un decálogo de consejos para profesores de Derecho».

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