La reforma electoral y la trampa del consenso.

Thomas Darnstädt, antiguo director de la sección de Política de la revista “Der Spiegel”, publicó en 2004 el libro Die Konsensfalle. Wie das Grundgesetz Reformen blockier, editado en España en 2005 con el título abreviado de La trampa del consenso. En esta obra se explica cómo, durante mucho tiempo, a la hora de resolver los conflictos en materia de organización territorial prevaleció en Alemania una política de bloqueo a cualquier tipo de reforma porque no había “consenso” entre todos los actores políticos. A esta situación también se ha referido nuestro Tribunal Constitucional (STC 238/2012, de 13 de diciembre) recordando que, sin ser inconstitucional, “la exigencia de un mayor grado de consenso lleva aparejado el surgimiento de las minorías de bloqueo… realidad seguramente indeseable en el funcionamiento del sistema en la medida en que puede llevar al estancamiento en la toma de decisiones…” Pues bien, eso es lo que podría  ocurrir en Asturias si el motivo para no aprobar la propuesta de reforma electoral -presentada por PSOE, IU y UPYD- es que no hay acuerdo entre todas las formaciones presentes en la Junta General del Principado o, al menos, entre 4 de ellas -además de las citadas, PP o FAC-.

Resulta obvio, aunque conviene recordarlo, que se puede estar en desacuerdo, por razones jurídicas y políticas, con cualquier propuesta de reforma y achacarle, en su caso, los correspondientes defectos. Pero no es una carencia, ni jurídica ni democrática, la falta de respaldo de dos Grupos Parlamentarios: el propio Estatuto de Autonomía (artículo 25.2) consideró que para cambiar la Ley Electoral era precisa la mayoría absoluta, misma mayoría que exige la Constitución para aprobar o cambiar la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y cualquier otra norma que regule un derecho fundamental (desde el Código Penal a la Ley de Educación), los Estatutos de Autonomía, el Consejo General del Poder Judicial o el funcionamiento del Tribunal Constitucional.

Y es que, como ya dijo el propio Tribunal Constitucional hace más de 30 años (STC 5/1981, de 13 de febrero), “nuestra Constitución ha instaurado una democracia basada en el juego de las mayorías, previendo tan sólo para supuestos tasados y excepcionales una democracia de acuerdo basada en mayorías cualificadas o reforzadas”. Y aunque hay mayorías “más” cualificadas o reforzadas (3/5, 2/3), la absoluta es ya una mayoría cualificada o reforzada.

Que la reforma electoral se apruebe por mayoría absoluta no impide que luego pueda ser modificada por la misma mayoría. ¿Y cuál es el problema? Volviendo al ejemplo de Alemania, allí se cambió 3 veces la Ley Electoral Federal en menos de 5 años por considerar el Tribunal Constitucional alemán que provocaba unos resultados que afectaban de manera antidemocrática a la proporcionalidad, entendida como igualdad de valor del voto de los electores. A título de ejemplo, en las elecciones asturianas de 2012 un elector de la Circunscripción Oriental equivalió a 1,36 electores de la Central; entre el escaño que exigió más votos y el que menos hubo 11.984 sufragios de diferencia, y 1 voto a FAC en la Circunscripción Oriental valió tanto como 2 votos al mismo partido en las otras dos Circunscripciones. Por si fuera poco, en las elecciones de 2011 el partido con más escaños en el Parlamento no fue el que más votos consiguió en el conjunto de la Comunidad Autónoma.

Tenemos, en suma, un sistema electoral que menoscaba la igualdad del valor del voto y es una falacia disculpar esta desigualdad invocando razones de gobernabilidad: la estabilidad de un gobierno depende del respaldo parlamentario pero nada exige que dicho apoyo deba ser el de un único grupo. Retomando el ejemplo alemán: allí, desde la Segunda Guerra Mundial, tan solo en una ocasión hubo mayoría absoluta, lo que no ha ido en detrimento de la gobernabilidad. La propia Angela Merkel, al límite de la mayoría absoluta, busca ahora socios de gobierno.

La cuestión es si no merece la pena aprovechar que por vez primera en un Parlamento español, estatal o autonómico, se haya aprobado por la mayoría absoluta un dictamen en el que se incorporan instrumentos de democratización del proceso electoral inéditos en nuestro país: desbloqueo de las listas electorales para que los votantes tengan la libertad de seleccionar entre las personas propuestas por una formación política aquéllas que consideran más adecuadas para el cargo parlamentario; elección democrática en el seno de la candidatura de la persona que encabezará la lista; nuevo sistema de asignación de escaños para favorecer la igualdad del voto de los asturianos; posibilidad de votar de manera anticipada para promover la participación; obligatoriedad de convocar debates en los medios de comunicación públicos; envío conjunto de papeletas para abaratar costes; sustitución temporal en los casos de enfermedad, maternidad o, por ejemplo, imputación penal de parlamentarios;… 

Decía Adolfo Posada en 1891 que la perfección representativa de una  Asamblea popular será tanto más adecuada a sus funciones cuanto mejor se reflejen en ella las oposiciones sociales; es decir, el pluralismo político; Hans Kelsen denunció en 1920 la fatiga de un parlamentarismo alejado de la sociedad. Pues bien, ahora es posible conseguir en Asturias un Parlamento que refleje mejor el pluralismo, que recupere algo de vitalidad y que, como reclamó Hanna Arendt, sirva para que la política vuelva a ser una promesa y no un problema. Quizá esta propuesta no alcance el consenso pero no parece que le falte sentido democrático.

Texto publicado en La Nueva España el 6 de octubre de 2013.

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10 pensamientos en “La reforma electoral y la trampa del consenso.

  1. España necesita urgentemente avanzar en Democracia. En este país el Sistema se está burlando de los ciudadanos. Pero no hay sistema electoral en Europa comparable en perversión, ni de lejos, al canario. Espero que los asturianos sean la llama que prenda la mecha y algún día deje de haber españoles cuyo voto valga 17 veces más que el de otros.

  2. Querido profesor (que lo fuiste mío hace ya 17 años):

    El problema en el caso de Asturias en estos momentos viene determinado por el texto del acuerdo de gobierno entre los dos partidos que lo suscribieron. Dicho texto establece que la mayoría para la aprobación de la reforma deberá ser amplia y reforzada. No parece que 23 votos a favor de 45 sea ni lo uno ni lo otro.

    Parece evidente que la FSA no quiere enfrentarse a una reforma que pasa por quitar peso a las alas, donde dicho partido siempre ha salido favorecido. Sin entrar a valorar si sus razones son validas o no, si es cierto que parece que se atienen a la literalidad de su pacto.

    Simulando los resultados de las ultimas elecciones utilizando el sistema que se quiere aprobar da lugar a un desbarajuste en el que los votos del partido mas minoritario, UPYD, valdrían muchísimo mas que los de la segunda fuerza, FAC. Para el PP también saldría mas barato el escaño.

    En mi opinión se introduciría una suerte de azar matemático que poco favorece a la previsibilidad del resultado.

    En cualquier caso, y a pesar de no estar de acuerdo en las conclusiones, se trata de un articulo estupendo del que se aprende mucho, como en todas aquellas clases a las que tuve el gusto de asistir.

    Un saludo

    • Muchas gracias Javier por tu generoso comentario sobre las clases y el texto, y también, claro, por intervenir en el debate. No entro en la interpretación del pacto que hagan los firmantes del mismo; sí insisto en que la mayoría absoluta (23 de 45) es una mayoría reforzada, y así lo ha reiterado el Tribunal Constitucional; obviamente es “más reforzada” o amplia 3/5 pero la absoluta ya lo es. Si no estoy equivocado, lo cual es obviamente no descartable, con el nuevo sistema FAC y PP tendrían los mismos escaños que ahora (si nos atenemos a los últimos resultados -los de 2012-); UPYD e Izquierda Unida uno más cada uno; si eso es así, ni se prima a UPYD ni se penaliza a FAC. Un saludo muy cordial, Miguel

      • En los simuladores que he podido ver yo perdían tanto PSOE como FAC un diputado que efectivamente ganaban IU y UPYD. Pero vamos, es mas que posible que el tuyo estuviese mas acertado. Lo cierto es que al doblar UPYD su representación por el numero de votantes si se ve muy benefiaciado. Caso distinto es el de IU que se acercaría mas a su realidad y es el gran perjudicado por el sistema actual.

        La bolsa de restos con un umbral tan bajo beneficia al partido mas pequeño y casi cualquier partido que supere en nuestro parlamento el 3% se vera de golpe con dos diputados.

        • Sí, las cuentas son esas: o 2 menos del PSOE o 1 menos y otro menos de FAC en favor de IU y UPYD. Yo creo que lo más democrático es que el porcentaje de escaños se corresponda con el de votos; por eso propuse una circunscripción única, donde no hay desajustes. Lo que salió es mantener las tres y creo que con el doble recuento (35 primero y luego 10) mejora la proporcionalidad. En cuanto a la barrera electoral, yo la suprimiría.

  3. Bueno, una circunscripción de 45 sin barrera seria un ejemplo de proporcionalidad para todo el país pero creo que seria de difícil gobernabilidad.

    Actualmente resido en Israel. 120 diputados. La barrera creo que ahora esta en el 2, pero creo que ha llegado a estar en el 1 y el 1,5 y se plantean subirla de nuevo. El sistema es muy proporcional pero es una locura de coaliciones que dan lugar a gobiernos inestables que, en su historia, nunca han agotado una legislatura. Nunca un partido ha tenido la mayoría absoluta, lo cual no es malo, pero las coaliciones son de 3 y 4 partidos cada uno con sus intereses. De manera practica se produce un secuestro de la mayoría por parte de algunas minorías, como ha sido el caso de los partidos religiosos en el pasado o ahora con el movimiento colono.

    No estoy seguro de que sea el sistema ideal.

    • Me parece muy interesante la experiencia que comentas de Israel, y máxime vivirla in situ. En todo caso, creo que estamos antes realidades políticas y sociológicas muy diferentes y con un sistema de partidos distinto. En Asturias no ha sido tan sencillo alcanzar la barrera electoral (salvo para 5 o 6 partidos) en ninguna de las 3 circunscripciones; de hecho, en las últimas elecciones ningún partido, salvo los 5 que ahora están en la Cámara, superó el 3% (sumando los votos de toda la Comunidad).

  4. Pues bien, expuestos así los ámbitos protegidos por el derecho fundamental de todo ciudadano a elegir a sus representantes, resulta evidente que el artículo 1º de la Ley impugnada, al establecer la “barrera electoral”, no resulta contrario a este derecho. En efecto, dicha disposición no impide el ejercicio personal del voto. Tampoco genera discriminación de ningún tipo entre los votantes o entre los partidos o movimientos participantes, pues absolutamente a todos les serán aplicables las mismas reglas constitucionales y legales. No impide acudir libremente a las urnas. Menos aún, exige revelar la identidad del candidato, partido, movimiento, alianza o lista a la que se ha decidido apoyar.

  5. Pingback: Lo que se perdió en Asturias | Politikon

  6. A mi me parece una reforma muy mala. El primer objetivo de cualquier reforma electoral es conseguir gobiernos estables y responsables. La superpropocionalidad que se propone en la ley va en contra de estos dos principios (ya se ha citado el caso de Israel). Que los candidatos busquen diferenciarse en sus distritos lo que único que hace es desviar recursos públicos hacía esos distritos. La no modificación del suelo del 3% es otro error. El sistema aleman tan querido por tantos tiene un 5% de suelo.
    Lo que necesitamos son sistemás más mayoritarios que aseguren gobiernos estables y responsables y partidos democráticos. Justamente lo contrario de lo que es y lo que propone UPyD.
    Al margen de todo creo que hay un pacto firmado que dice lo que dice por lo que la FSA por motivos formales también tiene razón

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