Sobre la fiabilidad democrática del voto electrónico en Brasil.

Hoy, 2 de octubre de 2022, en Brasil están llamadas a las urnas (el voto es voluntario entre 16 y 18 años y obligatorio desde los 18) más de 156.000.000 de personas y se usará un sistema de sufragio electrónico presencial resultado de un exitoso proceso gradual de implantación iniciado hace más de 35 años (en 1986) y que ya se aplicó a todo el electorado en las elecciones municipales del año 2000 (110.000.000 de electores) y en las presidenciales de 2002 (115.000.000 de electores). 

A través de la llamada “urna brasileña” además de no excluir del proceso electoral a personas que estaban integradas en él antes de la fórmula electrónica, en Brasil se ha conseguido la inclusión de ciudadanos que, de hecho, sí estaban excluidos por razones socioculturales y geográficas. Debe recordarse, primero, que en ese país sigue habiendo todavía un número elevado de personas analfabetas, para las que la urna brasileña no representa problema alguno dado que en la pantalla aparecen, además del nombre del candidato, su fotografía, su número y los emblemas o logotipos, fácilmente reconocibles para un elector aunque no sepa leer ni escribir. Es más, en Brasil el voto electrónico presencial ha favorecido la participación de las personas ciegas al incorporar a la urna electrónica caracteres en Braille. 

En segundo lugar, la extensa y complicada orografía brasileña (8.547.403,5 kilómetros cuadrados, 5564 municipios) hacía dificultoso el ejercicio del sufragio en municipios en los que únicamente se puede acceder en helicóptero (Estado de Goiás), después de un trayecto de 16 horas en barco (Estados de Amazonas y Acre) o que pertenecen a estados (Minas Gerais) más extensos que la mayoría de los países europeos y todavía con vías de comunicación muy precarias. Para hacer frente a estos problemas se diseñó una urna pequeña, rústica, de peso reducido, de fácil almacenamiento y transporte, y que funciona con batería en los sitios sin energía eléctrica. En un país con estas circunstancias un sistema como el descrito no solo no menoscaba la dimensión subjetiva del derecho sino que la hace más efectiva. 

En tercer lugar, esta fórmula de voto electrónico presencial no plantea problema alguno respecto a la exigencia de personalidad del sufragio, pues antes de votar el elector es identificado por el número de su acreditación electoral, lo que ha sido perfeccionado desde el año 2006, en aras a evitar suplantaciones, a través de una comprobación biométrica. Y es que, como explica el Tribunal Superior Eleitoral, para hacer el proceso electoral aún más seguro y evitar que una persona vote en lugar de otra, la Justicia Electoral inició el proyecto de identificación biométrica del electorado. La adopción de la biometría redujo significativamente la intervención humana en el proceso de votación. La urna sólo se libera para votar cuando el lector biométrico identifica las huellas dactilares del votante, que se comprueban  electrónicamente a partir de la base de datos unificada de la Justicia Electoral. 

Para las elecciones de 2008, la biometría se probó por primera vez en los municipios de São João Batista (SC), Fátima do Sul (MS) y Colorado do Oeste (RO). Tras el éxito de la revisión biométrica en las tres ciudades, la Justicia Electoral decidió continuar, en 2010, el proyecto de identificación biométrica del electorado en otros 57 municipios. Así, en las elecciones generales de ese año, 1,1 millones de votantes de 60 municipios de 23 estados votaron tras la verificación mediante tecnología biométrica. En las elecciones de 2014 cerca de 21 millones de ciudadanos de 764 municipios de todos los Estados y del Distrito Federal usaron la identificación biométrica. En las elecciones de 2018 el número de personas con biometría ya había superado los 85 millones. En 2020 aproximadamente 120 millones de brasileños ya habían completado el registro biométrico. Se estima que el 100% del electorado podrá votar con identificación biométrica en las elecciones de 2026. 

En esa misma línea, a efectos de dotar de la máxima seguridad y consiguiente legitimidad al sistema se organizan las llamadas “pruebas públicas de seguridad” como parte del calendario electoral –previstas en la Resolución nº 23.444, del Tribunal Superior Eleitoral– en las que cualquier persona puede presentar un plan de ataque a los sistemas electorales involucrados en la generación de medios, la votación, el recuento, la transmisión y la recepción de archivos. Puede verse al respecto el siguiente vídeo

En suma, hasta la fecha no hay dato alguno que sirva para cuestionar el funcionamiento democrático del sistema electoral brasileño ni, por tanto, para poner en duda los resultados de su aplicación en las diversas elecciones de hoy: presidenciales, parlamentarias, estatales… 

Pd. Me ocupé de estas cuestiones en el artículo «Premisas para la introducción del voto electrónico en la legislación electoral española«, Revista de Estudios Políticos, nº 173, 2016, págs. 277-304.

urna brasileira

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