El vía crucis administrativo y judicial de la Iglesia Pastafari.

La Sección Tercera de la Sala de lo Contencioso-administrativo de la Audiencia Nacional ha hecho pública la sentencia de 19 de octubre de 2020 en la que rechaza el recurso que presentó un particular contra la resolución del Director General de Cooperación Jurídica Internacional y Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia que había rechazado la inscripción de la Iglesia Pastafari en el Registro de Entidades religiosas. En estas dos entradas de enero y abril de 2017 nos ocupamos de la vertiente administrativa de este asunto y en la presente comentaremos la primera resolución judicial. 

Pues bien, en la citada, breve y escasamente fundamentada sentencia se considera ajustada a Derecho la no inscripción como entidad religiosa del autodenominado “colectivo” recurrente. Según el Tribunal “del contenido de sus estatutos y “mandamientos”, se desprende con claridad que estamos ante una parodia o imitación burlesca, de algunas religiones, entendidas como conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto (DRAE). La modalidad lingüística o jerga utilizada en los estatutos y mandamientos de la sedicente religión Pastafari constituye, además, una burla y degradación de los valores aceptados comúnmente como valores religiosos, en especial, del cristianismo. Así, en su página web https://www.pastafarismo.es/, y en los propios estatutos, es constante la referencia al cristianismo mediante palabras, expresiones, fotografías, parodia del Padre Nuestro cristiano, etc, que se presentan claramente como una imitación o burla grotesca. En consecuencia, ajustándose a derecho la actuación administrativa impugnada en el presente recurso, es lo procedente su desestimación” (FJ 3). 

La Audiencia Nacional no considera oportuno mencionar jurisprudencia alguna, del Tribunal Constitucional (TC) ni del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) a pesar de que se reclama contra una posible vulneración del derecho fundamental a la libertad religiosa del artículo 16 de la Constitución española (CE). Eso sí, no se priva el Tribunal de acudir al Diccionario de la Real Academia Española y a la página web https://www.pastafarismo.es/ para descalificar las pretensiones del recurrente. 

Sin embargo, si atendemos a la jurisprudencia constitucional y europea nos encontramos, primero, con, según el TC, “la articulación de un Registro… no habilita al Estado para realizar una actividad de control de la legitimidad de las creencias religiosas de las entidades o comunidades religiosas, o sobre las distintas modalidades de expresión de las mismas, sino tan solo la de comprobar, emanando a tal efecto un acto de mera constatación que no de calificación, que la entidad solicitante no es alguna de las excluidas por el art. 3.2 LOLR, y que las actividades o conductas que se desarrollan para su práctica no atentan al derecho de los demás al ejercicio de sus libertades y derechos fundamentales, ni son contrarias a la seguridad, salud o moralidad públicas, como elementos en que se concreta el orden público protegido por la ley en una sociedad democrática, al que se refiere el art. 16.1 CE” (STC 46/2001, de 15 de febrero, FJ 8). 

En esa misma STC se dice, primero (FJ 4), que “el art. 16.1 CE garantiza la libertad religiosa y de culto “de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”. Este reconocimiento de “un ámbito de libertad y una esfera de agere licere … con plena inmunidad de coacción del Estado o de cualesquiera grupos sociales” (SSTC 24/1982, de 13 de mayo, y 166/1996, de 28 de octubre) se complementa, en su dimensión negativa, por la determinación constitucional de que “nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias” (art. 16.2 CE)” y, segundo (mismo FJ 4), que “resulta de interés recordar la interpretación del art. 18.1 de la Declaración Universal que el Comité de Derecho Humanos de Naciones Unidas ha plasmado en el Comentario General de 20 de julio de 1993, a cuyo tenor, dicho precepto “no se limita en su aplicación a las religiones tradicionales o a las religiones o creencias con características o prácticas institucionales análogas a las de las religiones tradicionales”. 

En segundo lugar, la Audiencia Nacional asume los argumentos del Registro de Entidades Religiosas y concluye que “estamos ante una parodia o imitación burlesca, de algunas religiones, entendidas como conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto (DRAE)” (sic). Como ya comentamos en esta entrada anterior, aunque eso fuera cierto no tendría entidad suficiente para utilizarse administrativamente contra la inscripción registral y es que, como ha dicho el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, “el papel de las autoridades en una situación de conflicto entre, o en el seno de los grupos religiosos, no es la de eliminar la causa de la tensión eliminado el pluralismo, sino asegurar que los grupos rivales se toleren mutuamente” (asunto Santo Consejo Supremo de la Comunidad Musulmana c. Bulgaria, de 16 diciembre de 2004, ap. 96). 

Al respecto, cabe mencionar que tanto en Austria como en la República Checa algunos ciudadanos han obtenido documentos oficiales, tales como el permiso de conducir o el carné de identidad, con fotografías en las que se mostraban con un colador de pasta en la cabeza. Ambos países permiten llevar la cabeza cubierta por motivos religiosos e identifican el colador como una prenda religiosa pastafari. 

Y es que, las peculiaridades del pastafarismo son, precisamente, las que permiten avalar, y no rechazar, su inscripción como entidad religiosa pues, como ha reconocido también el TEDH, “la autonomía de las comunidades religiosas es indispensable para el pluralismo en una sociedad democrática y se encuentra por tanto en el centro mismo de la protección que ofrece el artículo 9 (asunto Hassan y Tchaouch c. Bulgaria, de 26 octubre de 2000). 

Llama, además, la atención el rigorismo con el que se han juzgado las peculiaridades del pastafarismo, cuando tal rigorismo no parece haber tenido el mismo alcance para, con todos los respetos, inscribir sin mayor problema (tomo las referencias de este comentario de Javier Casares) a la Comunidad Odinista de España, Alfrothul Asatru Folkish, la Asamblea Tradicional Asatru-Vanatru; la Asociación Religiosa Gotland Forn Sed-Ásatru o, por no extenderme, la Asociación Religiosa Druida Fintán. 

A este respecto, y de acuerdo también con la doctrina del TEDH, de obvia aplicación cuando se trata de deslindar el alcance del derecho fundamental a la libertad religiosa y la capacidad de intervención del Estado, “el derecho a la libertad de religión tal como lo entiende el Convenio excluye la apreciación por parte del Estado en cuanto a la legitimidad de las creencias religiosas o a las modalidades de expresión de éstas” (asunto de la Iglesia Metropolitana de Besarabia y otros c. Moldavia, de 13 de diciembre de 2001, ap. 116) y no debe perderse de vista “la necesidad de mantener un verdadero pluralismo religioso, inherente a la noción de sociedad democrática (asunto Kokkinakis c. Grecia, de 25 de mayo de 1993, ap. 31). 

Pues bien, ninguna de estas consideraciones jurisprudenciales españolas y europeas, ni otras similares, encuentran acogida, incluso para descartarlas, en la sentencia de la Audiencia Nacional, quizá olvidando que el carácter lúdico de unas determinadas creencias no exime de tomarse en serio sus derechos. Veremos si el Tribunal Supremo lo hace.

4 pensamientos en “El vía crucis administrativo y judicial de la Iglesia Pastafari.

  1. Les ha faltado decir que para creer en algo hay que ser gilipollas.

    Evangelio del Monstruo de Espagueti Volador
    1. Realmente preferiría que no actuaras como un imbécil santurrón que se cree mejor que los demás cuando describas mi tallarinesca santidad. Si alguien no cree en mí, no pasa nada. En serio, no soy tan vanidoso. Además, esto no es sobre ellos, así que no cambies de tema.

    2. Realmente preferiría que no usases mi existencia como un medio para oprimir, subyugar, castigar, eviscerar, o… ya sabes, ser malo con los demás. Etc…

    https://es.wikipedia.org/wiki/Evangelio_del_Monstruo_de_Espagueti_Volador#Los_realmente_preferir%C3%ADa_que_no

  2. Los de la Iglesia Pastafaris no tienen vergüenza. Se crean esta religión para reivindicar el ateísmo, ven que el chiringuito le sale bien y pueden ganar mucha pasta ( dinero) y ya ninguno son ateos, ahora son los mas religiosos del mundo. Defiende la libertad religiosa que ellos atacaban a crear esta religión y ahora están super indignado por ser rechazados cuando ellos antes rechazaban a todo el mundo incluso con burlas sobre las otras religiones. Y hay un punto más para demostrar que son unos sinvergüenzas. El objetivo de su religión es únicamente burlarse de las creencias de los demás pero sus creencias son sagradas… A mi me daría vergüenza ser Pastafaris, pero vergüenza vergüenza. Respeto a los ateos, a los religiosos sean cual sea su religión, respeto a los que hacen de la ciencia un dogma de fe etc…. pero nunca voy a respetar a unas personas “ateas” que crean una religión solo para burlarse o en términos modernos, para trollear o hacer bulling y ahora se sienten super ofendido porque nadie hace caso de su fe. Ser ateo es un concepto muy claro, esta gente son super religiosos, super radicales y sobre todo unos intolerantes.

    • Le invito a leer el Evangelio del Monstruo de Espagueti Volador y el Concilio del Jardín de los Olivos antes de juzgar desde tan poco conocimiento a una religión. Cómo usted lo plantea, yo podría decir que todos los musulmanes son terroristas o todos los católicos son pedófilos, los cual sabemos que es falso. No cometa tal error.

    • Su comentario responde a convicciones éticas, pero aquí lo que se discute es si es jurídicamente viable su inscripción en el Registro de Entidades Religiosas. Como apunta el profesor no existe exigencia constitucional alguna sobre cuál es el “tono” que debe tener una confesión; antes al contrario, sus características contribuyen al pluralismo religioso, contenido esencial del derecho fundamental a la libertad religiosa y manifestación del principio democrático.

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