Cine y derecho: Vice (El vicio del poder) y la teoría del “ejecutivo unitario”.

Vice (El vicio del poder es el título que se le dio en España) es una película del año 2018 dirigida por Adam McKay e interpretada por Christian Bale como Dick Cheney; Amy Adams como su esposa Lynne Cheney; Steve Carell como Donald Rumsfeld y Sam Rockwell como George W. Bush. 

Al comienzo se nos cuenta que “esta es una historia real, o tan real como pueda ser posible, porque Dick Cheney es uno de los personajes más herméticos de la historia. Pero nos lo hemos currado como unos cabrones”. Y es que el personaje central de la película es el que fue Secretario de Defensa (1989-1993), Jefe de Gabinete (1975-1977) y Vicepresidente (2001-2009) en diferentes administraciones republicanas, del que vemos su ascenso en el entramado político republicano y cómo llegó a ser una de las personas con más poder en el mundo en la primera década del presente siglo. 

En este comentario no se pretende hacer una crítica de la película, muy recomendable por otra parte, sino mencionar de manera muy breve una de las vertientes jurídico-constitucionales que nos muestra: la llamada “teoría del ejecutivo unitario”, con la que se justificó la exacerbación de los poderes presidenciales y la consiguiente lesión de derechos fundamentales básicos que se llevó a cabo en Estados Unidos tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. 

Lo primero que hay que recordar es que los límites de los poderes del Presidente distan mucho de estar claros en el sistema constitucional norteamericano y eso ha permitido la consolidación de presidencias muy fuertes, como lo fue en su día la de Woodrow Wilson, quien sostuvo que la Nación “carece de otro interlocutor político”, el Presidente posee la “única voz nacional en los asuntos”. El “instinto del país se dirige hacia la acción unificada, y ansía un líder individual”, de modo que una vez que [el Presidente] ha obtenido “la admiración y confianza del país (…) ninguna otra fuerza individual puede resistírsele; ninguna combinación de fuerzas podrá fácilmente dominarle… si interpreta correctamente el pensamiento nacional y lo defiende con tenacidad, carece de freno”. 

Sobre precedentes como éste, sumado a la coyuntura terrible del 11 de septiembre y a las aportaciones “teóricas” de juristas como John Yoo, que aparece retratado en la película, ese poder presidencial se creyó legibus solutus y permitió que el Presidente Bush, impulsado por, entre otros, Dick Cheney, reviviera la “teoría de los poderes inherentes” sin levantar en los ciudadanos ni en los otros poderes constitucionales un rechazo como el que en su día tuvo el Presidente Truman cuando el Departamento de Justicia defendió la decisión presidencial de intervenir empresas de fabricación de acero, dentro del esfuerzo bélico de la guerra contra Corea. 

La culminación legislativa de esta deriva fue la aprobación por el Congreso de los Estados Unidos del entramado normativo conocido como “Usa Patriot Act” (acrónimo de “Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism Act”) y la justificación por el Gobierno, a través de informes tanto del Departamento de Defensa, dirigido por Donald Rumsfeld, uno de los primeros mentores de Cheney, como del Departamento de Justicia, firmados por juristas bien conocidos en Estados Unidos como Jay Bybee, el citado John Yoo, Daniel Levin y Steven Bradbury, donde se amparó expresamente el recurso a los métodos violentos para obtener información, reduciendo los supuestos de tortura a los casos en los que el daño producido a la persona era equivalente en intensidad al dolor que acompaña a una herida grave, como el fallo de un órgano, el deterioro de las funciones fisiológicas o incluso la muerte. 

En la película se visualizan muy brevemente varias de las prácticas que de manera sistemática se aplicaron en Guantánamo y en otros centros de internamiento y detención (impedir que los detenidos durmieran durante varios días, exponerlos a temperaturas extremas, inmovilizarlos durante horas en posturas forzadas, provocar sensación de ahogamiento,…) y que, según los juristas del Office of Legal Counsel del Departamento de Justicia, no eran torturas ni tratos crueles, inhumanos o degradantes. En realidad, esos memorandos parecen, como señala Anthony Lewis, “el consejo que un abogado de la mafia le da a su jefe sobre como saltarse la ley y no ir a la cárcel por ello. Evitar los procesamientos es, literalmente, el objeto de los informes”.  

Y, no por causalidad, fue el Vicepresidente Dick Cheney quien afirmó, sin prueba alguna, que las informaciones así obtenidas habían servido para evitar numerosos atentados; en otros palabras, la “razón de estado” como fin que justifica cualesquiera medios, incluida, como también se ve en la película, la catastrófica invasión de Irak, a la que prestaron un vergonzoso servicio varios líderes europeos y en Estados Unidos alguien tan reputado en su momento como el general Colin Powell, al que, como a todos los demás protagonistas, esta película critica de una manera tan cómica como efectiva.

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