No declaración unilateral de independencia ¿o sí?

En su intervención en la sesión del Parlament celebrada el 10 de octubre el President de la Generalitat dijo, textualmente, “el Govern y yo mismo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia”. Y es que, de acuerdo con la “legalidad” en la que ha tratado de fundamentarse la consulta del pasado 1 de octubre -la Ley del referéndum de autodeterminación aprobada el pasado 26 de septiembre- la declaración “formal de la independencia de Cataluña, de sus efectos y del inicio del proceso constituyente” corresponde al Parlament (artículo 4.4). No se ha producido, pues, una declaración de independencia suspendida a los pocos segundos porque conforme a las “reglas del proceso” al President no le cabría hacer tal declaración ni tampoco podría luego suspenderla.

Que varios parlamentarios, cada uno por su cuenta o de común acuerdo, firmen luego la declaración tampoco tiene más valor “jurídico” o “institucional”, al menos a los efectos previstos por los autores del proceso independentista, que si la firman cientos o miles de ciudadanos que no desempeñan cargos representativos; sería una suerte de recogida de firmas en pro de la independencia, no banal, pero que según sus propias reglas no sustituiría a una proclamación del Parlament.

En suma, lo que ha hecho el President Puigdemont, aunque no fueron palabras textuales, es pedirle al Parlament que aplace, en su caso, la declaración de independencia, no que la suspenda, pues para suspenderla primero tendría que haberse producido la declaración y, al menos en el momento de escribir estas líneas (entre las 22 y 23 horas del día 10), tal cosa no ha ocurrido por parte del llamado “legalmente” a hacerlo.

En su discurso el President ha insistido en el camino a la independencia y en las apelaciones al diálogo pero no ha despejado varias de las incógnitas que se presentaban en una sesión parlamentaria que apareció revestida de la máxima relevancia; entre ellas, y con palabras claras y precisas y no con meros circunloquios, ¿y ahora qué? ¿Qué ocurre mientras el Parlament se toma su tiempo? Desde el punto de vista de la mayoría parlamentaria que apoya el proceso independentista es muy probable que hoy se haya escenificado una gran división entre lo que unos hicieron y lo que otros esperaban que hiciesen.

Si se confirma esta fractura la Legislatura estaría llamada a su término. Incluso aunque no fuera así, parecería lógico que el President Puigdemont convocase elecciones anticipadas. De ser así estarían llamadas a convertirse en unos comicios plebiscitarios en los que el elemento central de la campaña y posterior votación sería, de manera inevitable, la cuestión de la independencia.

No está claro, al menos para quien escribe estas palabras, qué escenario parlamentario surgiría después de esas elecciones pero parece evidente que si quienes optan claramente por la independencia no consiguen un resultado mayoritario el proceso independentista estaría llamado a languidecer. Si, por el contrario, esa opción resultase ampliamente triunfadora, encarnada en dos o tres formaciones políticas, se abriría de nuevo, y reforzado, un escenario de presión sobre el Estado, que no creo se pueda resolver con una especie de intervención indefinida de la autonomía y, en su caso, de las instituciones catalanas.

Como colofón, al menos de momento, se ha anunciado un Consejo de Ministros extraordinario para las 9 de la mañana del día 11 de octubre; ahí podría acordarse la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución. Si así fuera, hay que tener en cuenta que ese precepto no supone una aplicación inmediata de medidas en Cataluña: si se hace como exige literalmente la Constitución es preceptivo un requerimiento formal al President de la Generalitat “y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, [el Gobierno] podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del …interés general”. Para la ejecución de esas medidas el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Veremos, pues, qué medidas concretas se propone adoptar el Gobierno y, lo que no parece trivial en el contexto actual, cómo piensa llevarlas a cabo en el supuesto de que las autoridades catalanas, o lo que quede de ellas, no cumplan esas instrucciones. En todo caso, cuando despertemos mañana, y pasado, el “problema” seguirá allí.

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9 pensamientos en “No declaración unilateral de independencia ¿o sí?

    • Y yo no les he atribuyo la capacidad de surtir efectos jurídicos; textualmente, “Y es que, de acuerdo con la “legalidad” en la que ha tratado de fundamentarse la consulta del pasado 1 de octubre -la Ley del referéndum de autodeterminación aprobada el pasado 26 de septiembre- la declaración “formal de la independencia de Cataluña, de sus efectos y del inicio del proceso constituyente” corresponde al Parlament (artículo 4.4). No se ha producido, pues, una declaración de independencia suspendida a los pocos segundos porque conforme a las “reglas del proceso” al President no le cabría hacer tal declaración ni tampoco podría luego suspenderla.”
      Hablo de legalidad entrecomillado, de tratar de fundamentar y de las reglas del proceso (también entre comillas); en suma, cuestiono que, con arreglo a su propia “lógica”, haya habido declaración de independencia, algo que, como es obvio, difícilmente se podría amparar en una norma válida con arreglo al derecho español, salvo que hubiera una previsión constitucional al respecto.
      Un saludo, Miguel Presno

  1. Pingback: Constitutional Courts in Decline | Verfassungsblog

  2. Querido Miguel Ángel:
    Debemos de agradecer la pertinencia de tus observaciones. Desde mi tímida perspectiva la fenomenología catalana parece adolecer del mismo síndrome del niño pequeño que patalea sin certeza de lo que realmente le pasa. Todo ello sin obviar la flaqueza de elegir el momento político más frágil de nuestra tímida democracia.
    Pero en el actual mundo globalizado los nacionalismos (bien sean regionales, nacionales o trasnacionales) no parecen sino heder a un rancio abolengo. La cuestión es básica, ¿qué Estado es realmente independiente? Sinceramente no conozco ni tan solo uno. Probablemente el caso cubano es, a todas luces, el paradigma de la independencia condicionada. Un modelo se ha visto obligado a perdurar sus ideales bajo el sustento de potencias remotas.
    En todo el espectro de la política española y regional catalana e incluso vasca dos cuestiones que no dejan de sorprenderme. 1). El retorcimiento de la historia en una región del planeta que ha sido lugar de tránsito y establecimiento de una inmensa pluralidad de culturas que han conformado lo que actualmente somos. 2). La amnesia en torno a los que, tras más de cuatro décadas de abandono, siguen siendo ciudadanos españoles. Un inhóspito lugar del planeta que tras ser oprimido y abandonado a la más deplorable de las tragedias, al contrario de los regionalismos peninsulares, nunca se le permitió expresar que deseaban ser. Confiriendo su suerte para garantizar el apaciguamiento de nuestro vecino del sur.
    Sin duda alguna, con el montante de dinero público que están gastando los caciques catalanes y del gobierno central en esta estúpida cruzada por el desmembramiento de la sociedad catalana, el pueblo saharauhi tendría hoy un destino algo más cierto.

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