Tócala en directo, Sam.

De un tiempo a esta parte se han ido conociendo en Asturias varios casos relacionados con la prohibición de celebrar conciertos en directo en bares, en los que no hay problema legal alguno para escuchar música grabada si, como es obligado, se respetan los límites de decibelios que establece la normativa en vigor.  Surge, pues, una pregunta obvia: ¿es legal escuchar una grabación de “As Time Goes By” y no una interpretación en directo de la misma canción? Si esa paradójica escena es conforme con la normativa vigente surge una segunda pregunta: ¿por qué?

Hay que comenzar recordando que la vigente Ley del Principado de Asturias 8/2002, de 21 de octubre, de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas surgió, como se dice en su Preámbulo, con el objetivo “de establecer una regulación genérica que recoja los aspectos básicos de aplicación a todos los espectáculos públicos o actividades recreativas que se desarrollen en el territorio de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias y de reconducir a la unidad las diversas regulaciones en la materia existentes hasta ahora, dejando así para posteriores desarrollos reglamentarios los contenidos de detalle más pormenorizado”.

En esa Ley se establecen unas condiciones generales conforme a las cuales los establecimientos, locales e instalaciones incluidos en su el ámbito de aplicación deberán, de conformidad con la normativa aplicable en cada caso, reunir los requisitos legales y condiciones técnicas de seguridad, accesibilidad, aislamiento acústico, protección contra incendios e higiene necesarios para garantizar la seguridad y protección de personas y bienes y, en particular, del público asistente, así como para evitar molestias a terceros, y efectos negativos para el entorno.

Como es obvio, por tanto, cualquier establecimiento en el que se escuche música, en directo o grabada, debe cumplir las exigencias citadas, no diferenciando la Ley, en lo que ahora nos ocupa, entre una u otra forma de emisión de la música a efectos de exigir mayor o menor aislamiento acústico, lo que, por otra parte, carecería de sentido; lo importante es que no se sobrepase el máximo de decibelios permitido.

Esa misma Ley prevé, en su artículo 4, que “reglamentariamente se establecerá un catálogo de los espectáculos públicos, las actividades recreativas y los establecimientos y locales e instalaciones públicas sometidos a la presente Ley, definiendo claramente las peculiaridades de cada uno, y clasificándolos en función de las mismas”.

Y en cumplimiento de este mandato se aprobó el Decreto 91/2004, de 11 de noviembre, que establece el catálogo de los espectáculos públicos, las actividades recreativas y los establecimientos, locales e instalaciones públicas en el Principado de Asturias. De acuerdo con esta norma, en el apartado de “hostelería y restauración” se alude a los locales con música amplificada, excepto discotecas, definiéndolos como “locales dedicados exclusivamente al servicio de bebidas, pudiendo disponer de música grabada cuya emisión ha de respetar los topes decibélicos establecidos por la normativa en vigor”.

Es decir, la vigente normativa permite la existencia de bares que, habitualmente, emitan música grabada, pero, sin que quede claro el motivo, nada dice sobre la música en directo. En mi modesta opinión, esos bares podrían celebrar, de manera extraordinaria, conciertos en directo si cuentan para ello con la preceptiva autorización administrativa -en esta caso municipal- previo cumplimiento de las demás exigencias que prevé la Ley de 2002: a) local, establecimiento, instalación o espacio público adecuados; b) cumplimiento de las condiciones de seguridad e higiene exigibles según la actividad y tipo de local, a través de certificación suscrita por técnico competente y visada por su correspondiente colegio profesional; c) aseguramiento de los riesgos derivados de la actividad y, en su caso, existencia de medidas o servicios de seguridad y vigilancia.

Si lo que se pretende es que la emisión de música en directo se haga de manera habitual y no extraordinaria parece que es obligado modificar el Decreto del año 2004 para poner fin al absurdo de que en Oviedo se pueda escuchar “As Times Goes by” en una grabación de Carly Simon y no una interpretación de la misma, por citar un ejemplo, a cargo de Omara Portuondo. Por desgracia, ya no podemos escuchar una versión en directo de Frank Sinatra o Natalie Cole.

Con esta reivindicación, atendida en otras Comunidades Autónomas y en Ayuntamientos como el de Barcelona, no se pretende convertir los bares asturianos en una suerte de salones del salvaje Oeste; sí se trata, por una parte, de admitir que algo que tal vez en los primeros años del presente siglo no era tan frecuente -la celebración de actuaciones en directo, musicales o no, en los bares- forma hoy parte habitual de la oferta cultural de casi cualquier ciudad -véase, por ejemplo, lo que ocurre en Londres, Nueva York, Berlín, París o Barcelona-; también, y en aras a la mayor seguridad jurídica, se trata, finalmente, de evitar que algún mando policial o cargo institucional pueda fingir escandalizarse al descubrir que “aquí se toca en directo”

Foto de José María Ferrera.

Paco, el fíu de Maruja.

Decía Albert Camus que un cierto número de años vividos con dificultades bastan para construir una sensibilidad. Paco Hevia, el fiu de Maruja, tuvo, como su madre, como el resto de familia, un buen número de años vividos con grandes dificultades y del aprendizaje que eso supone, especialmente cuando se vive en la infancia o en la adolescencia, surgió una personalidad abierta, generosa, honesta y, en cierta medida, rebelde: abierta a todo tipo de aprendizajes y conocimientos; generosa con todos aquéllos a los que ha conocido o nos hemos dirigido a él en busca de consejo o ayuda; honesta en el trabajo, en el deporte, en la vida; rebelde ante lo que considera injusto, prepotente o arbitrario.

Paco, el fiu de Maruja, es también, y sobre todo, una persona libre y esa libertad la ha conquistado a base de una enorme coherencia consigo mismo y una gran inteligencia para saber tomar en cada momento crucial de su vida la decisión más acertada, tanto a la hora de empezar algo como a la hora de ponerle, sino punto final, sí al menos punto y aparte. Y es que Paco hizo, y seguirá haciendo muchas cosas, y todas con ilusión, porque, como recomendaba el gran Emil Zatopek, viene corriendo la vida con esperanza en su corazón y sueños en su cabeza.

Por todo ello, no es casualidad que buena parte de la vida de Paco haya estado, y lo seguirá estando siempre, vinculada al atletismo; en concreto, a la manifestación máxima del atletismo que es la experiencia del corredor de fondo, que él llevó a su más alta expresión en medias maratones, maratones y carreras de 100 kilómetros. Esa experiencia la trasladó durante muchos años al entrenamiento altruista de decenas de personas de toda condición deportiva, porque para él tiene la misma importancia el que acaba un maratón en poco más de 2 horas que el que necesita 6; si acaso es este último el que merece mayor reconocimiento. También se implicó a fondo, ¡cómo no!, en la organización de trece ediciones de la Subida al Naranco y en la ayuda a toda persona o entidad que asumiera el reto de poner en marcha una carrera. En suma, si es verdad, como creo que lo es, lo que decía Jimi Hendrix –“si soy libre es porque siempre estoy corriendo”- Paco, el fiu de Maruja, es una de las personas más libres del mundo.

Paco y su mujer, Viti -uno no se entendería sin la otra-, ponen ahora fin a la aventura que supuso mantener abierta “Máster Sport”, mucho más que una tienda de atletismo, durante 35 años, un largo período de tiempo en el que a la extrañeza, cuando no incomprensión o rechazo, que suscitaba la gente que corría -¡esos locos que corren!-, sucedió no hace mucho una época excéntrica donde a los corredores se les llama runners, las carreras populares se han convertido en una suerte de negocio y las zapatillas se venden por Internet.

En una de sus afortunadas frases, valga la redundancia, sentenciaba Muhammad Ali que “ayudar a los demás es el alquiler que pagas por tu habitación en la Tierra”. Pues bien, Paco y Viti tienen pagado el alquiler por mucho tiempo y estamos seguros que no lo desperdiciarán.

Postdata: aunque en la firma de este texto aparezca mi nombre, todos los que corrimos y seguiremos corriendo con Máster Sport os damos las gracias.

 Foto de Luisma Murias (La Nueva España).

Texto publicado en La Nueva España el 31 de marzo de 2017.