¿Procesiones católicas sí y manifestaciones ateas no?

Como viene ocurriendo desde el año 2011, la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores había convocado una manifestación para el día de Jueves Santo y, como en años anteriores, la Delegación del Gobierno en Madrid la ha prohibido.

Sobre las implicaciones jurídicas de este asunto ya hice un comentario el 29 de abril de 2011 y otro el 28 de marzo de 2013, que considero mantienen su vigencia.

A efectos de mero recordatorio hay que tener en cuenta que, en palabras del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (caso Otegui c. España), la libertad de expresión ampara no sólo las ideas bien recibidas o consideradas como inofensivas, sino también “aquéllas que chocan, inquietan u ofenden al Estado o a una fracción cualquiera de la población”. Esa es la exigencia del pluralismo y el espíritu de apertura sin los cuales no existe una sociedad democrática. En términos todavía más liberales del Tribunal Supremo de Estados Unidos, “el hecho de que la sociedad pueda considerar ofensiva una expresión no es razón suficiente para suprimirla. Al contrario, puede ser motivo para que esté constitucionalmente protegida” (asunto Hustler Magazine vs. Falwell).

En segundo lugar, no se aprecia por qué se lesiona con estas manifestaciones el artículo 16 de la Constitución, que, no se olvide, también garantiza la libertad ideológica, amparando tanto las creencias religiosas como las que niegan o critican la religión.

En tercer lugar, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional relativa al derecho de reunión insiste en que “para que los poderes públicos puedan incidir en el derecho de reunión, restringiéndolo, modificando las circunstancias de su ejercicio, o prohibiéndolo, es preciso que existan razones fundadas, lo que implica una exigencia de motivación de la resolución correspondiente en la que se aporten las razones que han llevado a la autoridad gubernativa a concluir que el ejercicio del derecho fundamental de reunión producirá una alteración del orden público o la desproporcionada perturbación de otros bienes o derechos protegidos por nuestra Constitución. Pero para ello no basta con que existan dudas sobre si el derecho de reunión pudiera producir efectos negativos, debiendo presidir toda actuación limitativa del mismo el principio o criterio de favorecimiento del derecho de reunión…”

En suma, no se puede prohibir una manifestación por conjeturas o hipótesis, sino que se debe concretar las “razones fundadas de alteración del orden público” que se prevén, sin que lo sean el mero hecho de que se celebre en Jueves Santo, que discurra por calles con abundancia de parroquias, que coincida con procesiones católicas,… Pero incluso aunque tales altercados fueran probables, no por ello está justificada la prohibición, ya que ese es el último recurso, debiendo, siempre que sea posible, adoptarse medidas proporcionales que, garantizando la convivencia ciudadana, permitan el ejercicio de un derecho fundamental. La propia Ley Orgánica 9/1983, reguladora del derecho de reunión, prevé (artículo 10) tales medidas: la “modificación de la fecha, lugar, duración o itinerario”.

Al no considerar estas opciones, la Delegación del Gobierno  ignoró entonces y sigue ignorando ahora que el Estado está obligado a adoptar las medidas necesarias para favorecer los derechos fundamentales.

Como dijo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (asunto Plattform Ärtze für das Leben c. Austria): “sucede a veces que una determinada manifestación molesta o irrita a personas contrarias a las ideas o reivindicaciones que promueve. Sin embargo, los participantes deben poder celebrarla sin temer los posibles actos violentos de sus oponentes, ya que este temor podría disuadir a las asociaciones o a grupos que defienden sus opiniones de expresarse abiertamente sobre cuestiones palpitantes de la vida de la sociedad… la libertad real y efectiva de reunión pacífica no se reduce a un mero deber de no injerencia por parte del Estado; requiere, a veces, medidas positivas”.

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10 pensamientos en “¿Procesiones católicas sí y manifestaciones ateas no?

  1. A nivel jurídico no voy a hablar porque lo has explicado muy bien pero a nivel de convivencia ; es necesario un Jueves Santo?? Por qué tiene que haber una “antiprocesion”, o una manifestación pro vida cuando se manifiestan las personas pro aborto ?…no sé creo que simplemente nos pasamos la vida protestando y echándole la culpa al de enfrente y se nos olvida el respeto, la convivencia y en definitiva vivir en paz (que no como borregos ).

    • Tiene todo el sentido celebrar una manifestación en la fecha y en el lugar en los que el mensaje que se desea difundir tiene más probabilidades de causar repercusión, o en el contexto que mejor simboliza aquello contra lo que se quiere protestar. Por ello, tiene sentido una manifestación nacionalista o antimilitar el 12 de octubre, una antiseparatista el día del Alderdi Eguna, o una antieuropea el 9 de mayo. Lógicamente, dos manifestaciones no pueden coincidir en el mismo lugar y momento, pero salvada esa circunstancia, no hay motivo para la prohibición.

      Lo que desde luego resulta ajeno al régimen de libertades que nos hemos dado es tener que justificar que la fecha, hora y lugar de una manifestación no molesta a aquellos frente a los que precisamente se dirige la expresión pública de descontento.

  2. Una de las claves: la elección del día, el lugar, la hora…, de manera que coincida, la manifestación pública de ateísmo y librepensamiento con fechas que quienes profesan determinada religión, consideran tan primeras en importancia y señaladas dentro de su credo.
    En ese plus de provocación, de ir al choque, innecesario para expresar la libertad propia, está, a mi modo de ver, la diferencia, que podría examinarse desde la perspectiva del “ejercicio antisocial” del derecho. Figura ésta que no desconoce el derecho a que hace referencia, sino que lo matiza, lo limita justificadamente. No se adelanta quien procura la paz a poner la venda antes de la herida, sino que simplemente trata de evitar el riesgo más allá de lo razonable.
    Hay muchas fechas en que la calle puede ofrecerse a procesiones de quienes quieran mostrar por este medio creencia, o no-creencia, en las que militen. De tal manera también será posible que otros se sientan atacados o, si no atacados, ofendidos, pero se generaría entonces de un riesgo mucho menor, no comparable al que se decía antes. En grado, por ello que cabe ya que lo permita y ampare quien deba guardar de la paz social: ese equilibrio, mezcla de derecho y de otras cosas, y, al final, muy difícil arte.

  3. Son legales las manifestaciones,pero constitucionalmente también se protege la libertad religiosa y su exteriorización y práctica.
    Las procesiones sólo son una vez al año,las manifestaciones se pueden realizar toodo el otro año. Que fácil es querer que se respetan niestros derechos intentando vulnerar los de los demás. Libertad de expresión para todos señores!no sólo para quienes y lo que nos interesa!las procesiones no dejan de ser MANOFESTACIONES DE FE. Y constotucionalmente la religión esta amparada de igual modo que la reunión,concentración y manifestación.

  4. No entiendo de legalidades pero creo que hacer una manifestación de “la familia” el día del Orgullo Gay o una atea el Jueves Santo tiene como finalidad molestar a “los contrarios” y no solamente expresarse de forma libre. Yo soy atea y las creencias religiosas me parecen absurdas pero no iría a una iglesia a reventar una misa ni me manifestaría un Jueves Santo en las calles por donde pasan las procesiones. Vive y deja vivir

    • En los diferentes comentarios comentáis la “inoportunidad” de las fechas y los conflictos “innecesarios” que puede crear una manifestación atea precisamente el dia de Jueves Santo pero desde el punto de vista jurídico, que es el que deben tener en cuenta tanto la Delegación del Gobierno como el Tribunal Superior de Justicia, esos elementos pueden servir (junto con la verificación de quién ha solicitado antes celebrar una manifestación con un recorrido determinado) para compatibilizar dos formas de ejercicio legítimo de tres derechos fundamentales (las libertades ideológica y religiosa del artículo 16 CE, la libertad de expresión del artículo 20 y la libertad de manifestación del artículo 21). Lo que yo defiendo es que hay medidas menos lesivas del ejercicio de derechos que las acordadas por la Delegación del Gobierno y ratificadas por el Tribunal Superior de Justicia, como, por ejemplo, un horario diferente o cambios en el itinerario, pero no la prohibición. En esa línea va la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y, en un sentido liberal, la del Tribunal Supremo de Estados Unidos, país donde como es bien sabido la exteriorización de los sentimientos religiosos tienen gran relevancia. No se trata de prohibir lo que no nos gusta, nos incomoda o nos ofende, sino de garantizar que también esas opiniones puedan ser expresadas de manera pacífica. De manera más sintética y acertada, Orwell decía que la libertad de expresión consiste en poder decir lo que quizá no nos gusta escuchar. Eso es, creo yo, lo propio de una sociedad democrática avanzada en la que uno de los valores fundamentales es el pluralismo.

      • También me parece oportuno que las protestas puedan llevarse a cabo cuando puedan tener mayor repercusión y trascendencia social. El propio derecho de manifestación no es sino la exteriorizacion colectiva y pública de la libertad de expresión y puede ser importante para su ejercicio hacerlo en determinados momentos o lugares. Ese es uno de los motivos por los que no sería constitucional confinar las manifestaciones a lugares apartados o a momentos en los que su incidencia sea menor. Como ya dijo el Tribunal Constitucional, la calle es un espacio adecuado no solo para la circulación sino también para la participación.

        • Me alegro de que la ley lo permita pero aun así yo no iría a una manifestación atea un día tan importante para los creyentes. Me parece que el objetivo de hacerla ese día no es tener más repercusión sino crear enfrentamiento y lo veo hasta de mala educación. No creo que mis creencias en contra de la existencia de un ser superior o de un orden moral en el universo sean tan relevantes como para fastidiarles la procesión. Este tema me parece que es para buscarle tres pies al gato.

  5. Gracias por los temas tan interesantes que siempre plantea en su blog.

    Lo que nos plantea es un claro ejemplo de colisión entre derechos fundamentales. Lo interesante radica, en este supuesto, en cómo se delimitan los contornos del ejercicio de cada derecho fundamental en la vida real. Los límites que se establezcan en cada caso, ya sea a la libertad de expresión o a la libertad religiosa, ha de ser producto de un análisis ponderativo que tenga en consideración las circunstancias del caso concreto. En este sentido, y desde una opinión personal, no es suficiente que la solución venga dada de situar el ejercicio de cada derecho en esferas aisladas. Por un lado, la procesión del jueves santo y, por otro lado, la procesión atea prevista en hora y fecha distinta a la solicitada con el objeto de evitar un posible conflicto. Esta perspectiva quizá sea posible situarla en un plano abstracto, en el texto constitucional, donde la regulación de los DDFF no presenta puntos de tensión porque no están interconectados. Pero en el ejercicio real y efectivo de tales derechos, en el desarrollo de la vida cotidiana, los DDFF están interrelacionados y, por tanto, necesariamente limitados entre sí. Los DDFF no ostentan un contenido absoluto e ilimitado, mas su delimitación solo puede llevarse a cabo en el caso concreto. Este aspecto tiñe de especial interés al supuesto que aquí se plantea. Así, la solución no consiste en un mero desplazamiento del ejercicio de un derecho (manifestación atea en jueves santo) por la protección de otro (libertad religiosa), aun cuando el motivo que se alega para limitar la libertad de expresión venga determinada por causas de orden púbico. El motivo que se alega para limitar la libertad de expresión es, sin duda alguna, imprescindible, pero no suficiente. No solo se trata de justificar la limitación del ejercicio de un derecho fundamental por el poder público (principio de proporcionalidad), sino de articular, en la mayor medida de lo posible, el ejercicio de dos DDFF en colisión (ponderación). Más aun, cuando el ejercicio de uno de los derechos en conflicto, el de la libertad de expresión (manifestación atea), cobra sentido precisamente en el contexto de la libertad religiosa. La solución no es una libertad (religiosa) por otra (de expresión), sino la observancia de cada una en la medida en que coadyuven a garantizar y hacer efectivo el interés que subyace en cada Derecho Fundamental.

  6. Pingback: El derecho a blasfemar. | El derecho y el revés

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