Un paese di merda.

Un país en el que el Jefe del Estado mantiene la opacidad sobre sus ingresos privados y el modo en el que administra los fondos procedentes del erario público; un país en el que el Presidente del Gobierno, en un momento crítico de la vida política, social y económica, se marcha a ver un partido de fútbol a Polonia lamentando no poder ver un partido de tenis en Francia; un país en el que se indulta al consejero delegado del banco más importante condenado por haber cometido un delito de denuncia falsa y a miembros de las fuerzas de seguridad condenados por torturas; un país en el que es más fácil adquirir la nacionalidad por practicar cualquier deporte irrelevante, valga la redundancia, que por haber ganado el Premio Nobel de Medicina; un país en el que la evaluación de las personas propuestas para formar parte del Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, la Defensoría del Pueblo o el Consejo General del Poder Judicial dura menos que uno de los diversos exámenes de la Prueba de Acceso a la Universidad; un país en el que los medios de comunicación aceptan participar en ruedas de prensa sin preguntas; un país en el que sale más barato defraudar a Hacienda que pagar tributos; un país en el que la víctima de un accidente de tráfico con gravísimas secuelas puede verse obligada a pagar más de 6000 euros en tasas por reclamar sus derechos ante los Tribunales; un país en el que el Presidente del Tribunal Supremo considera normal cargar al erario público sus gastos privados y su sustituto, presunto progresista, opina que la imagen del Poder Judicial se deteriora –si es que todavía eso es posible- por viajar en clase turista; un país en el que los partidos políticos son prisioneros de los bancos que los tienen cogidos por los créditos; un país en el que la enseñanza diferenciada por sexos va a ser financiada con dinero público y los profesores de religión son pagados por todos los contribuyentes, incluidas las indemnizaciones por los despidos nulos decretados por el obispo de turno; un país en el que dimitir de un cargo público es un hecho noticioso; un país en el que el partido en el gobierno incumple de manera sistemática los compromisos con los que se presentó a las elecciones  y el principal partido de la oposición es incapaz de ofrecer una alternativa de gobierno; un país que carece de una Ley de Transparencia y que cuando empieza a tramitar una lo hace de manera poco transparente; un país que priva de la tarjeta sanitaria a miles de personas por carecer de una autorización administrativa; un país que considera la posibilidad de vender permisos de residencia a quien pueda comprar un inmueble por 160.000 euros; que país que no reacciona mientras cientos de miles de personas son desahuciadas de sus casas al tiempo que se destinan más de 50.000 millones de euros a las deudas bancarias sin que hasta la fecha eso haya supuesto mayor coste para los responsables del desastre financiero; un país en el que quienes ocupan cargos políticos son incapaces de dirigirse con sinceridad a los ciudadanos explicando lo que hacen, por qué lo hacen y qué pretenden conseguir con ello; un país en el que se censura la corrupción dependiendo del color político del presunto corrupto; un país en el que el líder de un partido que sufre un desastre electoral no dimite “por responsabilidad”; un país en el que con casi 6.000.000 de parados la Ministra de Empleo se encomienda a la Virgen del Rocío; un país que después de formar a los estudiantes más brillantes regala su formación a otros países que sí saben aprovecharla; un país en el que el Presidente del Gobierno anima a su Ministro de Economía diciendo que España no es Uganda; un país en el que la notoriedad es directamente proporcional a la cantidad de miserias privadas que son expuestas al conocimiento público; un país en el que gobiernos de diferente signo político han permitido, cuando no alentado, el asfaltado de nuestras costas; un país que permite la privatización de servicios esenciales de la comunidad; un país en el que el ejercicio de derechos fundamentales como los de reunión y manifestación, la libertad de expresión o el derecho de huelga es considerado una molestia, cuando no una amenaza, por los poderes públicos; un país en el que la mayoría de los ciudadanos hemos permanecido ciegos, sordos y mudos ante todo lo que ha venido sucediendo;…

En la película I compagni, el personaje interpretado por Marcello Mastroianni pregunta: “Senta, scusi, che paese è questo?”; la respuesta, obvia, es  “Questo è un paese di merda”.

Feliz año.

Texto publicado en La Nueva España el 23 de diciembre de 2012.

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13 pensamientos en “Un paese di merda.

  1. Es durísimo leer todo lo que escribes, pero no puedo estar más de acuerdo.
    Magnífico y durísimo artículo.
    No te deseo feliz navidad porque estos días me provocan vómitos… pero sí todo lo mejor, que partiendo de donde partimos será fácil, en 2013.
    Abrazos desde Córdoba

  2. Magnífico artículo Miguel Ángel!! Has conseguido que me enganche a tu blog!! Un fuerte abrazo desde Valencia y espero que este 2013 sea mejor, aunque visto lo visto y teniendo en cuenta a los personajes que nos gobiernan, va a ser muy difícil!!!!

  3. Has plasmado la realidad. Me encuentro bloqueado, más que rabia lo que siento es una profunda tristeza ante esta situación, viendo todo lo que nos están quitando… Es verdad, es un país de mierda.

  4. Felicidades por tu valor y claridad. Es duro pensar que todo lo que dices es verdad, pero más duro debe ser RECONOCER que esa pudredumbre se debe a nuestra falta de honestidad con nosotros mismos, a nuestra falta de valor y a nuestra cobarde comodidad. Saludos sinceros.

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