El aborto y el suicidio asistido.

El Ministro de Justicia afirmó, el pasado 26 de julio y en relación con el proyecto que modificará la Ley Orgánica 2/2010, de salud sexual y reproductiva, que la nueva “ley será acorde con el convenio internacional ratificado por España sobre las personas con discapacidad, que se opone a cualquier tipo de discriminación por esta razón”. Se ha entendido que el Ministro alude a la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad,  hecha en Nueva York el 13 de diciembre de 2006, y la mención se justificaría como un argumento para excluir la posibilidad de que una mujer pueda interrumpir su embarazo si el feto presenta graves lesiones físicas o psíquicas. Pues bien, parece que el Ministro no está muy bien enterado, no ya de lo que prevé  dicha Convención, sino de lo que dispone la normativa española, empezando por la Constitución.

La Convención, como se puede ver en el Boletín Oficial del Estado de 21 de abril de 2008, protege (artículo 1) a “las personas… que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”. La Convención también menciona el derecho a la vida (art. 10) pero no alude en sus 50 artículos a la protección del feto ni incluye recomendación alguna sobre la interrupción del embarazo. Y es de todo punto lógico que no lo haga pues es una Convención sobre los derechos de las personas y, como casi todo el mundo sabe, el feto no es una persona pues para ser persona a efectos jurídicos hay que haber nacido. En palabras del Código Civil (artículo 30): “La personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno”. Por tanto, la Convención aludida en nada obliga a modificar la vigente Ley de salud sexual y reproductiva, como tampoco se han modificado normas equivalentes de otros países signatarios de la Convención.

En cuanto a la recomendación de la propia ONU para que España suprima antes del 3 de diciembre de 2015 la distinción que permite llevar a cabo “abortos por motivos de discapacidad” a partir de las 22 semanas, no pretende que se suprima dicho aborto sino que se establezca el mismo límite temporal en todos los casos de interrupción del embarazo.

Y respecto a lo que prevé nuestro ordenamiento, al resolver el recurso planteado contra la Ley que en su día despenalizó el aborto en 3 supuestos, dijo el Tribunal Constitucional (STC 53/1985) que el nasciturus está protegido por el artículo 15 de la Constitución aun cuando eso no permite afirmar que sea titular del derecho fundamental a la vida. Y tampoco se puede afirmar, sigue diciendo, que dicha protección haya de revestir carácter absoluto. En cuanto a la despenalización del aborto en los casos de graves problemas físicos o síquicos del feto, sostiene el Tribunal que “el fundamento de este supuesto, que incluye verdaderos casos limite, se encuentra en la consideración de que el recurso a la sanción penal entrañaría la imposición de una conducta que excede de la que normalmente es exigible a la madre y a la familia. La afirmación anterior tiene en cuenta la situación excepcional en que se encuentran los padres, y especialmente la madre, agravada en muchos casos por la insuficiencia de prestaciones estatales y sociales que contribuyan de modo significativo a paliar en el aspecto asistencial la situación, y a eliminar la inseguridad que inevitablemente ha de angustiar a los padres acerca de la suerte del afectado por la grave tara en el caso de que les sobreviva. Sobre esta base… entendemos que este supuesto no es inconstitucional”.

En definitiva, no hay mandato jurídico interno o internacional que justifique el cambio defendido por el Ministro, salvo que el Tribunal Constitucional diga otra cosa a resultas del recurso presentado contra la Ley de salud sexual reproductiva.

Pero si lo que el Ministro pretende es poner fin a las discriminación que sufren las personas con alguna discapacidad hay que recordarle que ya existen mandatos claros en nuestra Constitución: dice el artículo 9.2 que corresponde a los poderes públicos –y él forma parte de uno- promover las condiciones para que la igualdad y la libertad de todas las personas sean reales y efectivas, remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos en la vida política, económica, social y cultural; el artículo 49 manda también a esos poderes públicos prestar la atención especializada que requieran las personas con problemas físicos, sensoriales y psíquicos. La pregunta es: ¿trabaja para poner fin a la discriminación de estas personas el Gobierno del que forma parte el Ministro de Justicia cuando, en materia de dependencia, recorta un 15% las prestaciones económicas a los cuidadores familiares?, ¿y cuando permite una demora de dos años para resolver los expedientes sin que el retraso genere derechos económicos?, ¿lo hace cuando reduce un 13% la financiación básica de la ley o decide la suspensión de las cotizaciones de las cuidadoras? No consta oposición alguna del Ministro a la norma que formaliza dicho retroceso, el Decreto-ley 20/2012, de 13 de julio, de medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad.

Finalmente, y por referirme a ámbitos del propio Ministro de Justicia, en el reciente Anteproyecto de reforma del Código Penal nada se dice a propósito del artículo 143.4. Dicho precepto dispone la sanción que se aplicará a la persona que “causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar”. En pocas palabras: una persona en situación terminal o con padecimientos difíciles de soportar que no tenga capacidad física para poner fin a su vida se encuentra con la limitación adicional que supone la sanción que puede imponerse a la persona que le ayude. El Ministro podría leer lo que prevén en situaciones similares Holanda, Bélgica, Luxemburgo o Suiza aunque bastaría con que recordara, con el Eclesiastés, que hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Si de verdad le preocupa la discriminación de las personas con discapacidad que piense también en la que sufren esas personas para vivir e, incluso, para morir.

Texto publicado en La Nueva España el 9 de agosto de 2012.

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3 pensamientos en “El aborto y el suicidio asistido.

  1. Ciertamente hay que dejar de defender que el feto no es una persona con fundamento en el art. 30 de nuestro código civil, ya que éste se refiere solo a los efectos civiles, no a los demás (sobre los que no se pronuncia dicho artículo). De todo lo que se ha dicho aquí, me voy a quedar con el art. 15 de la CE, cuando dice “todos tienen derecho a la vida” y con la convencion de los derechos de las “personas” para realizar alguna reflexión lógica (que por lo que veo ha abandonado a los legisladores nacionales e internacionales y a los magistrados de nuestro querido constitucional).

    En cuanto a lo primero yo pregunto: Si el texto es meridiano (“Todos tienen DERECHO a la vida”) ¿cómo se artícula con la afirmación de que no sean titulares de ese derecho los nasciturus? ¿Es que acaso dice “Todas las personas tienen derecho a la vida? No, no lo dice, aunque es cierto que, partiendo de la base (para mí errónea, como veré en la segunda reflexión) de que se “es persona” desde el nacimiento, y se tiene personalidad jurídica desde entonces, es difícil reconocérselo (que no otorgárselo), puesto que no tienen personalidad jurídica alguna.

    Siendo eso cierto yo pregunto, apelando a la lógica y al sentido común que se me responda: ¿Qué es ser persona? ¿Qué hace ser persona a alguién?
    Desde el Derecho se han dado muchas respuestas. Sin ir más lejos, el anterior art. 30 del Código Civil decía que tenía que tener forma humana y permanecer 24 horas desprendido del seno materno. Obviando este último que, tras los avances acaecidos desde el siglo XIX, es evidente que no sirve (también porque, como ya hemos dicho, no es el propósito de este artículo el afirmar lo que es o no una persona), me quedo con el de la forma humana.

    Ciertamente si uno ve algo con forma humana puede afirmar que es humano, pero ¿es acaso la forma lo que hace humano a esa persona?, y si lo es ¿Cuál es la forma humana? ¿La de un niño o la de un viejo? ¿Y los cojos, o los mancos, o los siameses o los que nacen con deformidades? ¿Y los discapacitados mentales? ¿Son o no todos ellos personas humanas? Pues es claro que sí. Así vemos que la forma no es un buen criterio para ver qué es un humano o qué no lo es. Pero además, si reflexionamos un poco y atendemos a la filosofía, veremos que la forma depende de una esencia (Hipokeimenon, que decía Aristóteles), no al revés, esto es, la esencia no depende de la forma. Dicho de otro modo, la forma humana no es lo que nos hace humanos, sino la esencia. Y, ¿cuál es la esencia? Sin irnos a respuestas religiosas o metafísicas (como el alma), y siguiendo a los biólogos (que es a los que hay que preguntar esto, y no a la Constitución) podemos afirmar que la esencia física del hombre es el ADN, sus cromosomas (dicho rápido y resumidamente, perdóneme el biólogo que me oiga, pues no soy ducho en esa ciencia).

    El ADN es lo que nos hace ser distintos de otros seres, es lo que nos hace ser seres humanos, y dicho ADN se encuentra desde el mismo momento de la concepción.

    Después de estas reflexiones sobre lo que es el ser humano, y asentado mi parecer de que se es ser humano desde la concepción, me parece que, por regular el derecho sobre la vida real, éste no puede desentenderse de ella ni afirmar cosas que no son realidad, sino regularlas conforme a dicha realidad. Por tanto, creo que debería considerarse al “feto” como una persona que es lo que es, y no como algo extraño y otorgarle personalidad jurídica (con lo que ello conlleva) y dejarse de artificios alejados de la realidad para no proteger un derecho del que debería ser titular el feto de una manera tajante, igual que el de otras personas (si no más, por su especial situación de vulnerabilidad)

    Con toda esta perspectiva me parece que no debiera distinguirse entre la persona nacida y la que no en el sentido de considerarla persona y, por tanto, si no se mata a un niño nacido por la “suerte del afectado por la grave tara en el caso de que les sobreviva” ni por las dificultades y dolores que supondría su crecimiento, tampoco creo que se deba hacer con un discapacitado.

  2. “El ADN es lo que nos hace ser distintos de otros seres, es lo que nos hace ser seres humanos, y dicho ADN se encuentra desde el mismo momento de la concepción”
    Entiendo que, en este contexto, bajo esa afirmación -cuya aceptación sin más podría llevarnos a conclusiones ciertamente extravagantes- subyace una concepción cuasimística de la idea de persona, en virtud de la cual, y por mediación de la presencia de un tipo determinado de ácido desoxirribonucleico en un embrión, se eleva a este a la categoría de hostia consagrada.

    • No se trata de algo “cuasimístico”, sino de la afirmación de más de 2000 biólogos y médicos que así lo afirman, tras comprobaciones y experimentos exhaustivos. No suelo hacer este tipo de afirmaciones en cosas que ignoro (como la biología) si no es por que la afirmación la hagan expertos y catedráticos en esa materia. El argumento que hago es puramente aristotélico, el cual, al describir la forma en que creamos conceptos o ideas (y la personalidad es un concepto al fin y al cabo) vamos “deshojando” a la cosa concreta en un proceso de inducción hasta llegar a la sustancia (que rectifico lo que dije antes, pues hipokeimenon no significa esencia sino sustancia) con la cual podemos diferenciar un concepto o idea de la cosa. Por clarficarlo, se podría decir que para llegar al concepto de caballo, partiendo de uno concreto, se le quitan las características concretas y accidentales que tiene (color y forma de pelo, etc) para llegar a algo que todos los caballos tienen, que los hace diferentes. Así, dicho mal y pronto, llegamos al concepto de caballo.
      Pero si no es esta esencia o sustancia física (que no mística, que sería el alma) del hombre, como es el ADN (con capacidad de desarrollarse independientemente) lo que nos hace personas, te ruego que me digas qué es lo que lo hace que una persona lo sea, y ten en cuenta que se trata de algo importante, pues si resulta que es una persona, la estamos matando.

      En cuanto a las consecuencias extravagantes, confieso que ciertamente sería difícil determinar en qué momento preciso empezaría la personalidad (pues, a día de hoy no se tiene la técnica para determinar el momento en que un espermatozoide fecunda al óvulo), pero que no podamos saberlo no quiere decir que no haya una persona. También que hay ciertas dudas que con mi conocimiento en bología no podría responder, pero para ello recurro otra vez a mi argumento de autoridad como son esos más de 2000 expertos en dicha materia.

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